domingo, 1 de febrero de 2009

Medley

Una pesadez en el cuerpo es el resultado de este día en el que se conjugaron los males físicos y algunos fantasmas para martirizar mi espalda, que es como un barómetro de mi ánimo.

Muy poco se puede hacer para evitar que el mal caiga sobre las personas que queremos, o que alguna vez fueron importantes. La lluvia no sera siempre plateada para todos, esperar que asi sea es insensato pues siempre acontece lo contrario. Nubarrones oscuros se posan de cuando en vez sobre estas personas y las azotan con violencia.

Lo que me parece valioso en alguna literatura rusa es la veracidad de las cosas que relatan ya que, incluso cuando recurren a personajes imaginarios, siempre toman dramas muy humanos que tienen la trizte virtud de mantenerse vigentes a lo largo del tiempo. A veces cuando camino por ahi observando las calles oscuras me siento en una novela de Dostoyevski y reconozco en las calles a sus personajes repetidos infinitamente bajo distintos disfraces.

Todos llevan su yugo bajo el vestido, todos van a cometer un crimen, todos estan sufriendo una infamia...eso siempre ha hecho muy pesado el mundo moderno, esa impersonalidad del sufrimiento, ese anonimato, esas mascaras, esa madurez que nos lleva a podrirnos por dentro sin dejar ver nada por fuera.

De vez en cuando ese fondo gris con el que veo a veces las cosas se posa en la espalda de alguien que quiero, o que he querido y sigue siendo importante, y veo en estas personas situaciones horribles que me muestran mi impotencia y me llenan de tristeza. Poco podemos hacer en este mundo.

Hoy caminando por un lugar que recorrí muchas veces, caí en cuenta de que siempre lo veo casi todo, siempre observo el rostro de cuantas personas puedo ver en el tramo que recorro, a pesar de eso la memoria de un hombre es tan frágil que no recuerda ningúna cosa que no le parezca inconscientemente necesaria. Pobre Funes, para su fortuna era solo un personaje de Borges.

He notado dos cosas. En primer lugar, no soy una persona en extremo memorable como otras que son inolvidables despues de un encuentro fugaz con una charla diminuta. En segundo, cambio mucho y eso dificulta la tarea de reconocerme.

Hace tiempo ya que descubrí que me encanta desaparecer de todos, de ahi que no frecuente a mis amigos para evitar que extralen mi presencia, de ahi que las rutinas que dependen de mi voluntad me lleven por lugares y horas en las que no voy a ser reconocido como persona habitual, de ahi que de cuando en vez cambie la barba o el cabello. Esa inestabilidad estética esta pensada para mimetizarme y pasar desapercibido.

Siempre he tenido algo de fastidio por la vida pública, esto no sucede por una aversión permanente a la gente o por la pereza de estar en sitios públicos, lo que me produce fastidio en realidad es el temor de que mi privacidad sea invadida, me produce molestia ser reconocido en mis tiempos de feliz soledad y ser sacado de este estado. No me gusta que la gente conozca mis rutinas.

Hoy note el cambio que he sufrido en siete años, muchos no lo notan porque he sido borrado de sus memorias, en algunos casos a la fuerza, en otros, podria decirlo, a la debilidad, a la debilidad con la que viven y con la que se relacionan en sus mundos flacidos y tibios, esa debilidad que no le permite a sus mentes fijarse en una idea o en impresiones.

Hoy note que muchas cosas no han cambiado en siete años, lo noto porque he cambiado y porque mi memoria suele guardar cosas inoficiosas como los rostros y los lugares que se escapan de adaptaciones soñadas de novelas rusas que me han pasado por desgracia en frente de la nariz, mis propias versiones de oscuras novelas psicologicas.

La estabilidad esta sobrevaluada, nadie quiere desbordar rios ni detener ventiladores enormes con sus dedos preciados, nadie quiere drenar el mar ni barrer el desierto, a veces veo en algunos ojos destellos de tristeza y enojo que amenazan felizmente con remover los cimientos de una vida para apostar por convertirla en algo mejor, pero eso no sucede muchas veces.

A veces esos ojos son los mios.

Ojala pudiera cambiar las vidas de todos manejarlas a mi antojo y llevarlas por los caminos que considero convenientes, pero nunca podré hacerlo.

Nada me sobra mas que mi consideración hacia los otros, nada me ha costado mas lágrimas y dolores que mi corazón de pollo. Si pudiera me lo arrancaría y lo guisaría para mi gato y lo vería mientras se lo come estando caliente.

1 comentario:

Lorena es todas o ninguna dijo...

Creo que todos quisieramos poder hacer a quienes queremos caer en cuenta del camino que suponemos correcto para ahorrarles molestias y dolor, pero mientras hacemos eso muchos no miramos el camino que estamos tomando, el camino propio, que es lo que más importa al final. Al fin y al cabo la vida sin dolor no sería enseñanza o lección alguna, pero no toda la vida es dolor, creo que tu corazón de pollo se desborda con más intensidad cuando vez a quieres quieres estar llenos de felicidad, momentánea, pero felicidad. Al menos eso supongo...

Odio a John Lennon pero él dice algo muy cierto, la vida es lo que se pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes...