Marx tiene razón en muchas cosas a pesar de los estúpidos excesos de los marxistas...Marx no era marxista. Entre sus acierto se encuentra el hecho de que la realización del hombre se da en el trabajo: los hombres se sienten o no llenos si el trabajo que realizan esta de acuerdo a sus gustos y necesidades. Como consecuencia de lo anterior los hombres estan enloqueciendose porque no pueden elegir su trabajo y ademas se ven alejados de los frutos del mismo.
Estoy de acuerdo con esto pero agregaría algo mas: el trabajo enloquece mas al hombre cuando lo pone en dilemas morales, cuando no sólamente es incomodo sino que se considera que es malo lo que se hace, cuando se cree que el jefe es un criminal de cualquier especilidad, incluso un criminal moral. en estos casos a la fatiga física y psicológica se suma el deterioro moral y el cargo de consciencia que se desarrolla cada día al sentirse parte de practicas aberrantes.
Me siento como un judío trabajando en una salsamentaria.
viernes, 4 de junio de 2010
jueves, 13 de mayo de 2010
La creatividad
Hay que darle manivela a los gramófonos de la creatividad, hacen falta estímulos propios cuando dejan de funcionar las influencias externas y la simple inercia personal.
A veces me da la impresión de que tengo un cultivo de café en mi cabeza del cual puedo scar todo lo que mi cabeza necesita apr funcionar, en otras ocasiones me doy cuenta de que soy un importador de café caro y malo. En días como hoy puedo ver claramente que a veces recibo tasas de café tan tan finas que no pueden ser totalmente valoradas por mi paladar y tan estimulantes que hacen de la vieja cocaina algo tan pobre de efecto como los quipitos.
Hay personas y conversaciones que tienen la potencia de disparame la cabeza y darle la chispa de creatividad que tanto me cuesta mantener encendida. Me doy cuenta en días como hoy de que la muerte, la pobreza, la soledad, la frustración y otros males son poca cosa junto a la suerte que he tenido al tener personas muy inteligentes a mi lado que estimulan buenos cafes.
Alguien me preguntaba que me gustaba en una mujer y le respondí cosas que ya son bien sabidas por quién tenga alguna idea sobre mí, pero llegué a un punto muy importante que estaba presente en mis sospechas pero no lo había materializado en una sola palabra. La creatividad es la cosa que a la larga considero mas atractiva en una persona y lo es por varias razones.
Por una parte me canso muy fácil de la personas, creo que el conocimiento de ese aspecto de mi mismo me lleva inconscientemente a estar alejado de mis amigos para no agotarlos ni agotarme frente a ellos y en general de la gente, soy muy muy fácil de alegrar pero muy difícil de saisfacer (parafraseando a Lucho Hernandez, por supuesto). Continuando con este punto encuentro la costumbre adquiida de unos años para aca de crear modelos de las personas para entender su comportamiento, esto permite con ciertos grados de efectividad que se pueda conocer el comportamiento de una persona luego de conocerla durante cierto tiempo.
Una persona vreativa frente al punto anterior es una persona que no va a pdoer ser encajada con fcilidad en un esquema exlicativo, demas es una perosna que estará sorprendiendo constantemente y que su dirección no se podra predecir con certeza. El hecho de que una persona sea creativa acerca su comportamiento al d los neutrones de los átomos, ahi esta el poder y el interés. hay que estar siempre atento, siempre respondiendo, siempre transformandose para responder a esa fuerza renovadora.
La creatividad no esta asociada a otras virtudes personales como los talentos para algun arte o una ciencia o con la benevolencia del carácter. Una persona es creativa en abstracto, tiene la capacidad de crear...otras pueden organizar y hacer otras cosas pero las creativas pueden crear y pueden hacerlo en cualquier circunstancia y área, sin no pueden hacerlo es por carencia de instrumentos pero en general tienen la disposición del espíritu para eso.
El atractivo...conozco muy pocas personas a las cuales considero realmente creativas, las distingo con facilidad y me produce mucho placer estar cerca de ellos y ver como funcionan, qué procesos llevan en la cabeza...me gustaría (parafraseando a alguien importante que decía algo sobre mí) poder tomar su cabeza y absorverla para ver a que sabe.
AL ser estas personas creativas puede uno esperar sorpresas por mucho tiempo, de hecho cada costumbre adquirida es un algo que combatir dentro del alma de estas personas.
Con eso termina el último asomo de lucidez de mi cabeza de este día. El sueño me acaricia la espalda.
A veces me da la impresión de que tengo un cultivo de café en mi cabeza del cual puedo scar todo lo que mi cabeza necesita apr funcionar, en otras ocasiones me doy cuenta de que soy un importador de café caro y malo. En días como hoy puedo ver claramente que a veces recibo tasas de café tan tan finas que no pueden ser totalmente valoradas por mi paladar y tan estimulantes que hacen de la vieja cocaina algo tan pobre de efecto como los quipitos.
Hay personas y conversaciones que tienen la potencia de disparame la cabeza y darle la chispa de creatividad que tanto me cuesta mantener encendida. Me doy cuenta en días como hoy de que la muerte, la pobreza, la soledad, la frustración y otros males son poca cosa junto a la suerte que he tenido al tener personas muy inteligentes a mi lado que estimulan buenos cafes.
Alguien me preguntaba que me gustaba en una mujer y le respondí cosas que ya son bien sabidas por quién tenga alguna idea sobre mí, pero llegué a un punto muy importante que estaba presente en mis sospechas pero no lo había materializado en una sola palabra. La creatividad es la cosa que a la larga considero mas atractiva en una persona y lo es por varias razones.
Por una parte me canso muy fácil de la personas, creo que el conocimiento de ese aspecto de mi mismo me lleva inconscientemente a estar alejado de mis amigos para no agotarlos ni agotarme frente a ellos y en general de la gente, soy muy muy fácil de alegrar pero muy difícil de saisfacer (parafraseando a Lucho Hernandez, por supuesto). Continuando con este punto encuentro la costumbre adquiida de unos años para aca de crear modelos de las personas para entender su comportamiento, esto permite con ciertos grados de efectividad que se pueda conocer el comportamiento de una persona luego de conocerla durante cierto tiempo.
Una persona vreativa frente al punto anterior es una persona que no va a pdoer ser encajada con fcilidad en un esquema exlicativo, demas es una perosna que estará sorprendiendo constantemente y que su dirección no se podra predecir con certeza. El hecho de que una persona sea creativa acerca su comportamiento al d los neutrones de los átomos, ahi esta el poder y el interés. hay que estar siempre atento, siempre respondiendo, siempre transformandose para responder a esa fuerza renovadora.
La creatividad no esta asociada a otras virtudes personales como los talentos para algun arte o una ciencia o con la benevolencia del carácter. Una persona es creativa en abstracto, tiene la capacidad de crear...otras pueden organizar y hacer otras cosas pero las creativas pueden crear y pueden hacerlo en cualquier circunstancia y área, sin no pueden hacerlo es por carencia de instrumentos pero en general tienen la disposición del espíritu para eso.
El atractivo...conozco muy pocas personas a las cuales considero realmente creativas, las distingo con facilidad y me produce mucho placer estar cerca de ellos y ver como funcionan, qué procesos llevan en la cabeza...me gustaría (parafraseando a alguien importante que decía algo sobre mí) poder tomar su cabeza y absorverla para ver a que sabe.
AL ser estas personas creativas puede uno esperar sorpresas por mucho tiempo, de hecho cada costumbre adquirida es un algo que combatir dentro del alma de estas personas.
Con eso termina el último asomo de lucidez de mi cabeza de este día. El sueño me acaricia la espalda.
martes, 4 de mayo de 2010
Abril
Hace un par de años no me importaba este mes en lo mas mínimo, tal vez la única referencia que tengo al respecto es la semana santa pero nada mas. En parte puede darse porque mis medidas del tiempo son de un año, no parto el año en mas sino en eso y tengo una temporada de clivaje que va desde septiembre hasta diciembre, de resto todo el año usualmente es igual.
A medida que se conoce gente los significados de las cosas cambian sustancialmente para bien o para mal, aunque no creo que quepa esa taxonomía, es mas correcto afirmar que simplemente cambian y depende de nuestros intestinos la capacidad de mandar las experiencias como nitrientes para el corazón o como mierda para el sanitario. Asignamos nombres a las cosas,. rostros, los lugares que antes no existian plenamente ahjora traen un recuerdo, una palabra o un sentimiento, las canciones, las fotos, los dias de las semana, los estados de ánimo, mlas comidas y demas. Todo cambia y nunca vuelve a su estado normal.
Siempre estamos virgenes y siempre estamos perdiendo la virginidad como las vírgenes de los mártires de Alá cada noche nosotros tenemos una nueva estructura que intentamos consetrvar inconcientemente y cada mañana la rompemos sin querer a punta de cocotazos que no sentimos.
Abril es una de esas cosas que ya no es lo mismo, desde hace 4 años se introfdujo un ambio que reemplazó el perdiodo único de cambio de mi vida y me hizo preocupar también por esta etapa del año en la cual cumplía años mi ex, lo cual implicaba que tuviera ene ste mes una preocupación constante por alegrar esos días que estaban usualmente oscuros meteorológica y sentimwentalmente para ella.
Es interesante ver como el ayudar a unas personas que tienen situaciones similares a las propias puede ser útil para nosotros mismos, vemos un espejo que a veces puede ser aterador, pero también tenemos la posibilidad e experimetnar los cambios en esa persona y, tal vez lo mas importante, podemos ver si es posible salir de las crisis estructurales. Esos abriles sirvieron para eso, todas esas cosas fueron experimentadas y fue interesnte verlas.
Este abril ha sido bien diferente en muchos sentidos. El abril de hace cuatro años tuvo una felicidad que me hace recordar a Gabo cuando decía que cuando escribía cien años de soledad se sentía como inventandose l literatura, en ese momento sentía que me estaba inventando la feicidad y era una cuestión astante desconocida para mi, que bonito recuetrdo!. Este abril no tuve esa experiencia particular, sin embargo fue bueno porque los años que pase cin esta persona sirvieron para hacerme crecer y probar buevos estados encontra de la normalidad.
Lo normal es enemigo de lo bueno, aquello que damos por sentado denosotros mismos puede convertirse en una camisa de fuerza que denetdrá todo movimiento, os puede atar al piso un prejuicio sobre nosotros mismos y nos puede infundir un profundo miedo al cambio que puede llegar a ser insuperable.
Se han probado los frutos del crecimiento y de la eliminación de los tapujos, la alegria es menos desbordada, la sonrisa esta mas controlada, pero la mirada ya no refleja tanbta agustia, ya se va acomodando la mente a este mundo de mierda que se ha vuelto algo mas manejable despues de conocer muchas personas y pasar por cantidades de desgracias afortunadamente formativas.
A medida que se conoce gente los significados de las cosas cambian sustancialmente para bien o para mal, aunque no creo que quepa esa taxonomía, es mas correcto afirmar que simplemente cambian y depende de nuestros intestinos la capacidad de mandar las experiencias como nitrientes para el corazón o como mierda para el sanitario. Asignamos nombres a las cosas,. rostros, los lugares que antes no existian plenamente ahjora traen un recuerdo, una palabra o un sentimiento, las canciones, las fotos, los dias de las semana, los estados de ánimo, mlas comidas y demas. Todo cambia y nunca vuelve a su estado normal.
Siempre estamos virgenes y siempre estamos perdiendo la virginidad como las vírgenes de los mártires de Alá cada noche nosotros tenemos una nueva estructura que intentamos consetrvar inconcientemente y cada mañana la rompemos sin querer a punta de cocotazos que no sentimos.
Abril es una de esas cosas que ya no es lo mismo, desde hace 4 años se introfdujo un ambio que reemplazó el perdiodo único de cambio de mi vida y me hizo preocupar también por esta etapa del año en la cual cumplía años mi ex, lo cual implicaba que tuviera ene ste mes una preocupación constante por alegrar esos días que estaban usualmente oscuros meteorológica y sentimwentalmente para ella.
Es interesante ver como el ayudar a unas personas que tienen situaciones similares a las propias puede ser útil para nosotros mismos, vemos un espejo que a veces puede ser aterador, pero también tenemos la posibilidad e experimetnar los cambios en esa persona y, tal vez lo mas importante, podemos ver si es posible salir de las crisis estructurales. Esos abriles sirvieron para eso, todas esas cosas fueron experimentadas y fue interesnte verlas.
Este abril ha sido bien diferente en muchos sentidos. El abril de hace cuatro años tuvo una felicidad que me hace recordar a Gabo cuando decía que cuando escribía cien años de soledad se sentía como inventandose l literatura, en ese momento sentía que me estaba inventando la feicidad y era una cuestión astante desconocida para mi, que bonito recuetrdo!. Este abril no tuve esa experiencia particular, sin embargo fue bueno porque los años que pase cin esta persona sirvieron para hacerme crecer y probar buevos estados encontra de la normalidad.
Lo normal es enemigo de lo bueno, aquello que damos por sentado denosotros mismos puede convertirse en una camisa de fuerza que denetdrá todo movimiento, os puede atar al piso un prejuicio sobre nosotros mismos y nos puede infundir un profundo miedo al cambio que puede llegar a ser insuperable.
Se han probado los frutos del crecimiento y de la eliminación de los tapujos, la alegria es menos desbordada, la sonrisa esta mas controlada, pero la mirada ya no refleja tanbta agustia, ya se va acomodando la mente a este mundo de mierda que se ha vuelto algo mas manejable despues de conocer muchas personas y pasar por cantidades de desgracias afortunadamente formativas.
martes, 27 de abril de 2010
En el espejo no veo la misma persona de antes. Estoy acostumbándome a un nuevo rostro: sin complejos ni verguenzas. Es el resultado del último año en el cual he tenido demasiados errores de gran tamaño, mas que los cometidos en media vida y eso me ha llevado a crecer demasiado, especialmente porque he reconocido en todas esas cagadas mi sello particular y eso me ha dado pie para corregirlas.
La confianza en los demas es algo que debo revaluar, no puedo fiarme de que la gente entiende las señales enviadas o las palabras mencionadas: todos, incluyendome a mí, malinterpretamos lo que los demas hacen y dicen. Los que somos o nos consideramos racionales o que en algún momento actuamos atados a la mas insturmental de las razones se nos dificulta entender a personas mas viscerales y sentimentales.
Las decisiones tomadas han sido buenas, han sido políticamente incorrectas y costosas pero en todo caso apropiadas y se han visto los resultados obtenidos a partir de ellas. Una frase interiorizada el año pasado fue: "a veces hay que ser indivdualista". y estoy totalmente de acuerdo y he entendido y presenciando el impacto positivo de esas palabras. Hay que ser considerado con los demas pero no se puede en ningún momento ceder mas de lo proyectado o apartarse de los caminos que nos hemos planteado en la vida, es bueno experimentar, pero hay que tener cuidado de que los experimentos no se onviertan a menudo en una realidad constante que impida conocer cosas buenas y nos lleve poco a poco a estados de comodidad.
Los malditos estados de comodidad. Ya los huelo a kilometros y conozco sus tretas, se como se arrastran como sabandijas para acercarse a mis pies y entorpecer mis pasos. Los estados de comodidad hacen olvidar uno de los principios de mi vida, que no hay reencarnación y que soy un ser finito, no hay nada despues de la muerte y por tanto el tiempo apremia y lo hace mas aún para una persona con ambiciones crecientes y talentos decrecientes como soy yo.
La confianza en los demas es algo que debo revaluar, no puedo fiarme de que la gente entiende las señales enviadas o las palabras mencionadas: todos, incluyendome a mí, malinterpretamos lo que los demas hacen y dicen. Los que somos o nos consideramos racionales o que en algún momento actuamos atados a la mas insturmental de las razones se nos dificulta entender a personas mas viscerales y sentimentales.
Las decisiones tomadas han sido buenas, han sido políticamente incorrectas y costosas pero en todo caso apropiadas y se han visto los resultados obtenidos a partir de ellas. Una frase interiorizada el año pasado fue: "a veces hay que ser indivdualista". y estoy totalmente de acuerdo y he entendido y presenciando el impacto positivo de esas palabras. Hay que ser considerado con los demas pero no se puede en ningún momento ceder mas de lo proyectado o apartarse de los caminos que nos hemos planteado en la vida, es bueno experimentar, pero hay que tener cuidado de que los experimentos no se onviertan a menudo en una realidad constante que impida conocer cosas buenas y nos lleve poco a poco a estados de comodidad.
Los malditos estados de comodidad. Ya los huelo a kilometros y conozco sus tretas, se como se arrastran como sabandijas para acercarse a mis pies y entorpecer mis pasos. Los estados de comodidad hacen olvidar uno de los principios de mi vida, que no hay reencarnación y que soy un ser finito, no hay nada despues de la muerte y por tanto el tiempo apremia y lo hace mas aún para una persona con ambiciones crecientes y talentos decrecientes como soy yo.
lunes, 22 de febrero de 2010
Aguirre, la cólera de Dios
Herzog me pone de mal humor, me daña una serie de cuatro días en los que he estado feliz, organiza un concierto con comunicaciones recibidas recientemente en las cuales se amenaza mi tranquilidad de manera mas o menos inocente.
No puedo soportar tanta selva, tanto rio, tanto silencio en una película, tanta inmovilidad de un grupo de hombres, tanta inercia ante el cataclismo inminente y múltiple que se abre paso frente a ellos a pesar de que no les sea posible verlo. Las actuaciones son buenas, tal vez por eso su resultado y mi afirmación de esta como una buena película, sin embargo esa buena actuación es la que da paso a mi sentimiendo pues se ve en los ojos que esos hombres comparten parcialmente mis opiniones sobre su futuro, la diferencia entre ellos y yo es que la locura que nos acecha tiene razones muy distintas ya que la selva que me acosa no tiene sustento material, simplemente sient que a veces mi barca se detiene en el rio y que me ven amenazas secretas desde las orillas para detener mi existencia.
La película tiene un curioso parecido con Apocalypse now en muchas cosas: las actuaciones, el manejo del tiempo y de la trama. Parece que la pelicula de Coppola es una versión de la contemporanea locura de los nuevos aguirres los cuales ya no tienen la posibilidad de apretar pequeños simios en sus manos sino que tienen la capacidad de entrenar ejercitos de niños que muestran una obediencia ciega ante su líder. Otro punto en común es la sensación que me producen las dos películas: me hacen sentir cansado y algo triste, me llenan de un vértigo fastidioso y de una insatisfacción de aquellas que no pueden ser explicadas y que se sienten casi como un asunto físico, como una presión en la frente y dos dedos presionando suavemente sobre la nuca.
No puedo soportar tanta selva, tanto rio, tanto silencio en una película, tanta inmovilidad de un grupo de hombres, tanta inercia ante el cataclismo inminente y múltiple que se abre paso frente a ellos a pesar de que no les sea posible verlo. Las actuaciones son buenas, tal vez por eso su resultado y mi afirmación de esta como una buena película, sin embargo esa buena actuación es la que da paso a mi sentimiendo pues se ve en los ojos que esos hombres comparten parcialmente mis opiniones sobre su futuro, la diferencia entre ellos y yo es que la locura que nos acecha tiene razones muy distintas ya que la selva que me acosa no tiene sustento material, simplemente sient que a veces mi barca se detiene en el rio y que me ven amenazas secretas desde las orillas para detener mi existencia.
La película tiene un curioso parecido con Apocalypse now en muchas cosas: las actuaciones, el manejo del tiempo y de la trama. Parece que la pelicula de Coppola es una versión de la contemporanea locura de los nuevos aguirres los cuales ya no tienen la posibilidad de apretar pequeños simios en sus manos sino que tienen la capacidad de entrenar ejercitos de niños que muestran una obediencia ciega ante su líder. Otro punto en común es la sensación que me producen las dos películas: me hacen sentir cansado y algo triste, me llenan de un vértigo fastidioso y de una insatisfacción de aquellas que no pueden ser explicadas y que se sienten casi como un asunto físico, como una presión en la frente y dos dedos presionando suavemente sobre la nuca.
domingo, 24 de enero de 2010
LA SUPERSTICIOSA ÉTICA DEL LECTOR
(Borges)
La condición indigente de nuestras letras, su incapacidad de atraer, han producido una superstición del estilo, una distraída lectura de atenciones parciales. Los que adolecen de esa superstición entienden por estilo no la eficacia o la ineficacia de una página, sino las habilidades aparentes del escritor: sus comparaciones, su acústica, los episodios de su puntuación y de su sintaxis. Son indiferentes a la propia convicción o propia emoción: buscan tecniquerías (la palabra es de Miguel de Unamuno) que les informarán si lo escrito tiene el derecho o no de agradarles. Oyeron que la adjetivación no debe ser trivial y opinarán que está mal escrita una página si no hay sorpresas en la juntura de adjetivos con sustantivos, aunque su finalidad general esté realizada. Oyeron que la concisión es una virtud y tienen por conciso a quien se demora en diez frases breves y no a quien maneje una larga. (Ejemplos normativos de esa charlatanería de la brevedad, de ese frenesí sentencioso, pueden buscarse en la dicción del célebre estadista danés Polonio, de Hamlet, o del Polonio natural, Baltasar Gracián.) Oyeron que la cercana repetición de unas sílabas es cacofónica y simularán que en prosa les duele, aunque en verso les agencie un gusto especial, pienso que simulado también. Es decir, no se fijan en la eficacia del mecanismo, sino en la disposición de sus partes. Subordinan la emoción a la ética, a una etiqueta indiscutida más bien. Se ha generalizado tanto esa inhibición que ya no van quedando lectores, en el sentido ingenuo de la palabra, sino que todos son críticos potenciales.
Tan recibida es esta superstición que nadie se atreverá a admitir ausencia de estilo, en obras que lo
tocan, máxime si son clásicas. No hay libro bueno sin su atribución estilística, de la que nadie puede prescindir —excepto su escritor. Séanos ejemplo el Quijote. La crítica, española, ante la probada excelencia de esa novela, no ha querido pensar que su mayor (y tal vez único irrecusable) valor fuera el psicológico, y le atribuye dones de estilo, que a muchos parecerán misteriosos. En verdad, basta revisar unos párrafos del Quijote para sentir que Cervantes no era estilista (a lo menos en la presente acepción acústico-decorativa de la palabra) y que le interesaban demasiado los destinos de Quijote y de Sancho para dejarse distraer por su propia voz. La Agudeza y arte de ingenio de Baltasar Gracián –tan laudativa de otras prosas que narran, como la del Guzmán de Alfarache– no se resuelve a acordarse de Don Quijote. Quevedo versifica en broma su muerte y se olvida de él. Se objetará que los dos ejemplos son negativos; Leopoldo Lugones, en nuestro tiempo, emite un juicio explícito: “El estilo es la debilidad de Cervantes, y los estragos causados por su influencia han sido graves. Pobreza de color, inseguridad de estructura, párrafos jadeantes que nunca aciertan con el final, desenvolviéndose en convólvulos interminables; repeticiones, falta de proporción, ese fue el legado de los que no viendo sino en la forma la suprema realización de la obra inmortal, se quedaron royendo la cáscara cuyas rugocidades escondían la fortaleza y el sabor” (El imperio jesuítico, página 59). También nuestro Groussac: “Si han de describirse las cosas como son, deberemos confesar que una buena mitad de la obra es de forma por demás floja y desaliñada, la cual harto justifica lo del humilde idioma que los rivales de Cervantes le achacaban. Y con esto no me refiero única ni principalmente a las impropiedades verbales, a las intolerables repeticiones o retruécanos ni a los retazos de pesada grandilocuencia que nos abruman, sino a la contextura generalmente desmayada de esa prosa de sobremesa” (Crítica literaria, página 41). Prosa de sobremesa, prosa conversada y no declamada, es la de Cervantes, y otra no le hace falta. Imagino que esa misma observación será justiciera en el caso de Dostoievski o de Montaigne o de Samuel Butler.
Esta vanidad del estilo se ahueca en otra más patética vanidad, la de la perfección. No hay un escritor métrico, por casual y nulo que sea, que no haya cincelado (el verbo suele figurar en su conversación) su soneto perfecto, monumento minúsculo que custodia su posible inmortalidad, y que las novedades y aniquilaciones del tiempo deberán respetar. Se trata de un soneto sin ripios, generalmente, pero que es un ripio todo él: es decir, un residuo, una inutilidad. Esa falacia en perduración (Sir Thomas Browne: Urn Burial) ha sido formulada y recomendada por Flaubert en esta sentencia: La corrección (en el sentido más elevado de la palabra) obra con el pensamiento lo que obraron las aguas de la Estigia con el cuerpo de Aquiles: lo hacen invulnerable e indestructible (Correspondance, II, pág. 199). El juicio es terminante, pero no ha llegado hasta mí ninguna experiencia que lo confirme. (Prescindo de las virtudes tónicas de la Estigia; esa reminiscencia infernal no es un argumento, es un énfasis.) La página de perfección, la página de la que ninguna palabra puede ser alterada sin daño, es la más precaria de todas. Los cambios del lenguaje borran los sentidos laterales y los matices; la página “perfecta” es la que consta de esos delicados valores y la que con facilidad mayor se desgasta. Inversamente, la página que tiene, vocación de inmortalidad puede atravesar el fuego de las erratas, de las versiones aproximativas, de las distraídas lecturas, de las incomprensiones, sin dejar el alma en la prueba. No se puede impunemente variar (así lo afirman quienes restablecen su texto) ninguna línea de las fabricadas por Góngora; pero el Quijote gana póstumas batallas contra sus traductores y sobrevive a toda descuidada versión. Heine, que nunca lo escuchó en español, lo pudo celebrar para siempre. Más vivo es el fantasma alemán o escandinavo o indostánico del Quijote que los ansiosos artificios verbales del estilista.
Yo no quisiera que la moralidad de esta comprobación fuera entendida como de desesperación o nihilismo. Ni quiero fomentar negligencias ni creo en una mística virtud de la frase torpe y del epíteto chabacano. Afirmo que, la voluntaria emisión de esos dos o tres agrados menores –distracciones oculares de la metáfora, auditivas del ritmo y sorpresivas ele la interjección o el hipérbaton– suele probarnos que la pasión del tema tratado manda en el escritor, y eso es todo. La asperidad de una frase le es tan indiferente a la genuina literatura como su suavidad. La economía prosódica no es menos forastera del arte que la caligrafía o la ortografía o la puntuación: certeza que los orígenes judiciales de la retórica y los musicales del canto nos escondieron siempre. La preferida equivocación de la literatura de hoy es el énfasis. Palabras definitivas, palabras que postulan sabidurías adivinas o angélicas o resoluciones de una más que humana firmeza –único, nunca, siempre, todo, perfección, acabado– son del comerció habitual de todo escritor. No piensan que decir de más una cosa es tan de inhábiles como no decirla del todo, y que la descuidada generalización e intensificación es una pobreza y que así la siente el lector. Sus imprudencias causan una depreciación del idioma. Así ocurre en francés, cuya locución Je suis navré suele significar No iré a tomar el té con ustedes, y cuyo aimer ha sido rebajado a gustar. Ese hábito hiperbólico del francés está en su lenguaje escrito asimismo: Paul Valéry, héroe de la lucidez que organiza, traslada unos olvidables y olvidados renglones de Lafontaine y asevera de ellos (contra alguien): ces plus beaux vers du monde (Variété, 84).
Ahora quiero acordarme del porvenir y no del pasado. Ya se practica la lectura en silencio, síntoma venturoso. Ya hay lector callado de versos. De esa capacidad sigilosa a tina escritura puramente ideográfica –directa comunicación de experiencias, no de sonidos– hay una distancia incansable, pero siempre menos dilatada que el porvenir. Releo estas negaciones y pienso: Ignoro si la música sabe desesperar de la música y si el mármol del mármol, pero la literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido, y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin.
1931
Esta vanidad del estilo se ahueca en otra más patética vanidad, la de la perfección. No hay un escritor métrico, por casual y nulo que sea, que no haya cincelado (el verbo suele figurar en su conversación) su soneto perfecto, monumento minúsculo que custodia su posible inmortalidad, y que las novedades y aniquilaciones del tiempo deberán respetar. Se trata de un soneto sin ripios, generalmente, pero que es un ripio todo él: es decir, un residuo, una inutilidad. Esa falacia en perduración (Sir Thomas Browne: Urn Burial) ha sido formulada y recomendada por Flaubert en esta sentencia: La corrección (en el sentido más elevado de la palabra) obra con el pensamiento lo que obraron las aguas de la Estigia con el cuerpo de Aquiles: lo hacen invulnerable e indestructible (Correspondance, II, pág. 199). El juicio es terminante, pero no ha llegado hasta mí ninguna experiencia que lo confirme. (Prescindo de las virtudes tónicas de la Estigia; esa reminiscencia infernal no es un argumento, es un énfasis.) La página de perfección, la página de la que ninguna palabra puede ser alterada sin daño, es la más precaria de todas. Los cambios del lenguaje borran los sentidos laterales y los matices; la página “perfecta” es la que consta de esos delicados valores y la que con facilidad mayor se desgasta. Inversamente, la página que tiene, vocación de inmortalidad puede atravesar el fuego de las erratas, de las versiones aproximativas, de las distraídas lecturas, de las incomprensiones, sin dejar el alma en la prueba. No se puede impunemente variar (así lo afirman quienes restablecen su texto) ninguna línea de las fabricadas por Góngora; pero el Quijote gana póstumas batallas contra sus traductores y sobrevive a toda descuidada versión. Heine, que nunca lo escuchó en español, lo pudo celebrar para siempre. Más vivo es el fantasma alemán o escandinavo o indostánico del Quijote que los ansiosos artificios verbales del estilista.
Yo no quisiera que la moralidad de esta comprobación fuera entendida como de desesperación o nihilismo. Ni quiero fomentar negligencias ni creo en una mística virtud de la frase torpe y del epíteto chabacano. Afirmo que, la voluntaria emisión de esos dos o tres agrados menores –distracciones oculares de la metáfora, auditivas del ritmo y sorpresivas ele la interjección o el hipérbaton– suele probarnos que la pasión del tema tratado manda en el escritor, y eso es todo. La asperidad de una frase le es tan indiferente a la genuina literatura como su suavidad. La economía prosódica no es menos forastera del arte que la caligrafía o la ortografía o la puntuación: certeza que los orígenes judiciales de la retórica y los musicales del canto nos escondieron siempre. La preferida equivocación de la literatura de hoy es el énfasis. Palabras definitivas, palabras que postulan sabidurías adivinas o angélicas o resoluciones de una más que humana firmeza –único, nunca, siempre, todo, perfección, acabado– son del comerció habitual de todo escritor. No piensan que decir de más una cosa es tan de inhábiles como no decirla del todo, y que la descuidada generalización e intensificación es una pobreza y que así la siente el lector. Sus imprudencias causan una depreciación del idioma. Así ocurre en francés, cuya locución Je suis navré suele significar No iré a tomar el té con ustedes, y cuyo aimer ha sido rebajado a gustar. Ese hábito hiperbólico del francés está en su lenguaje escrito asimismo: Paul Valéry, héroe de la lucidez que organiza, traslada unos olvidables y olvidados renglones de Lafontaine y asevera de ellos (contra alguien): ces plus beaux vers du monde (Variété, 84).
Ahora quiero acordarme del porvenir y no del pasado. Ya se practica la lectura en silencio, síntoma venturoso. Ya hay lector callado de versos. De esa capacidad sigilosa a tina escritura puramente ideográfica –directa comunicación de experiencias, no de sonidos– hay una distancia incansable, pero siempre menos dilatada que el porvenir. Releo estas negaciones y pienso: Ignoro si la música sabe desesperar de la música y si el mármol del mármol, pero la literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido, y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin.
1931
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